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CONSTRUIR LA AUTOIMÁGEN CONLLEVA IDENTIDAD 

Como en la imágen nuestra percepción desde nosotros mismos está hecha de retazos. Recuerdos a modo de fotos que vamos guardando sobre nuestra vida, y sus momentos. En éstos están por supuesto nuestros seres queridos. Pero también nuestra propia idea del Yo, y de las distintas personas que hemos sido, así como las relaciones que nos han visto y sentido en nuestra historia compartida.

Revisar nuestras fotos es lo mismo que revisar nuestra historia, y podemos extraer una imagen más o menos nítida de nuestra identidad.

La cámara con la que construimos nuestra propia imagen, tanto física como interna teniendo en cuanta aspectos tan influyentes en nuestra conducta como los valores, está muy condicionada por 2 de los grupos más influyentes a su vez en nuestra realidad: la familia también llamada Grupo Primario en psicología social, y los grupos de iguales. 

Una de las etapas de nuestra vida, por no decir la que más, en la que somos más sensibles a la imagen que pueden tener de nosotros los demás es la adolescencia. En ésta, que suele durar entre los 12 y los 21 años, estamos especialmente pendientes de ocupar un lugar en el nuevo mundo de los adultos que se nos abre por delante, y de manera casi natural y probablemente genéticamente dispuesta, nuestra atención se centra en construir una imagen propia que sea aceptada por los grupos sociales que nos rodean y en los que convivimos.

El problema y los síntomas relacionados con la alteración de la propia imagen suelen acontecer cuando esta imagen que necesitamos para encajar entra en conflicto con la autenticidad de la persona, pues el adaptarnos a un medio nuevo no es solo una necesidad externa, si no también interna en cuanto a poder sentir que gozamos de una libertad de expresión propia para ser desde el autentico sentir, y porqué no, para probar distintas opciones de cómo queremos ser. 

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